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 MANUEL BARTLETT DÍAZ
En México existe un duopolio, TV Azteca y Televisa, con mayor potencial. Más de 100 millones de mexicanos estamos en manos de dos familias. Hemos visto de lo que son capaces impunemente, sin derecho de réplica y sin contrapesos: destruir imágenes de personas bajo pedido, fabricar héroes sin importar la precariedad de la materia prima, crear popularidades y condenarlos a la inexistencia. El debate de hoy sobre la ley Televisa no existe en Televisa, sólo un editorial intencionado y amenazante, el pasado viernes. La posiciones distintas no existen.La concentración del espacio radioeléctrico permite imponer masivamente todo tipo de información y por tanto escoger ellos, los dueños, los "señores", sólo ellos, lo que conviene saber a los mexicanos. Estos efectos devastadores son contrarios a lo que la Constitución y la propia ley de la materia establecen.
MARCELA GÓMEZ ZALCE
No deja de ser de carcajadas histéricas que sea precisamente Madrazo Pintado quien hable de la palabra traición... término que podría ser su Santa Biblia, pues. Porque para tener ese descaro hablando de gobernadores y traiciones, querido lector, el buen juez por su casa empieza. Para qué hablar de aquellos tiempos cuando fue mandatario estatal y su interminable pleito con un presidente como Zedillo que debería ser llamado a cuentas por colosales travesuras, amén del arreglón en Pemex donde danzaron millones de dólares que previo a la elección de 2000 ya daba señales clarísimas de estar pavimentando el camino para la llegada del PAN con Vicente Fox a Los Pinos.
CARLOS MARÍN
Pese a lo delicado de su función, José Nemesio Lugo Félix encargado de la inteligencia contra el narco, prefirió siempre mantener un perfil bajo y andaba sin chofer, sin guardaespaldas, sin arma, sin vehículo blindado. Lugo fue cazado a 200 metros de su oficina. Cueste lo que cueste, aun contra la voluntad del servidor público, a nadie con tareas tan peligrosas debe Felipe Calderón permitir andar sin protección.
JOAQUÍN LÓPEZ-DÓRIGA
Puedo entender que en esta guerra contra el crimen organizado no haya excepciones, pero no puedo aceptar que a lo largo de los años la impunidad domine y se haya convertido en el motor de los asesinatos de periodistas, crímenes que por lo no visto nadie está interesado en esclarecer. Yo quiero insistir en que cada asesinato de periodista sin aclarar, que son todos; que cada desaparición sin esclarecer, que son todas, nos hace a todos, no sólo a los periodistas, a todos, más vulnerables; que con cada muerte nos matan a todos un poco, un algo; y que con cada secuestro nos secuestran a todos otro poco, otro algo. Por eso no me puedo quedar callado.
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La nueva normalidad va asentándose. Jefes policiales, mandos militares, presuntos narcotraficantes y ciudadanos inocentes son insertos en el macabro nuevo orden calderonista que, con los soldados por delante, trata de redefinir el mapa económico, social y político para acomodarlo a sus intereses, con ánimos de perdurabilidad por décadas. La presunta guerra contra el narcotráfico es un reajuste del mercado de las drogas que está consolidando el poder de una de las facciones en lucha (la misma que desde el arranque del foxismo fue liberada de Puente Grande y constituida en la banda criminal no familiar favorita del sexenio; hasta en eso hay continuismo) y también tiene mensajes políticos, partidistas, electorales.
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