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- Categoría: El lector
Autor: Ricardo García
Comentario:
EEUU el terrorista desaparecerá próximamente junto con su Loquito.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años... Clamando en el Desierto". Los Scooters en las Calles de Monterrey. Una vez más, perdón por el pochismo, pero es la forma en que los nombran en los canales de la televisión local. En español les dicen Patines del Diablo Eléctricos. En mi salida semanal a las calles de Monterrey, me topé en cuatro ocasiones con estos idiotas suicidas. En las banquetas, circulando en contra por la ruta de la eco vía, subiendo por rampas para incapacitados, en pleno tráfico vehicular. ¡Felices, contentos, algunos saludando a los automovilistas que los veían pasar fugazmente a su lado, con asombro y preocupados por el temor de colisionar con ellos! Sabedores de la bronca en la que se meterían si esto pasara. Sin embargo, la autoridad no hace nada para prohibir o reglamentar su uso y circulación. Si ya teníamos suficientes suicidas en dos ruedas, los motociclistas que se meten entre las patas de los caballos, digo entre los automóviles, ahora con estos insensatos, la cosa ha empeorado. No sé si haya compañías que aseguren a estos idiotas, pero la autoridad debería tomar cartas en el asunto. Por las responsabilidad y riesgos que generan al transitar libremente y sin restricciones por las calles y banquetas de Monterrey. Especialmente para los automovilistas, para los cuales suelen ser virtualmente invisibles tanto por el diferencial en velocidad, como por lo pequeño de sus vehículos, que no se visualizan como tales. Yo me topé con varios patinadores y reconozco que de momento los percibí como simples peatones, hasta que su velocidad, al par o mayor que la mía, los descubrió. Ninguno llevaba casco o medida protectora, para la eventualidad de una caída o una colisión contra cualquier objeto móvil o fijo. Creo que es injusto para los que transitan en automotores de todos los tamaños, que el poco valor por su propia vida de estos patinadores, los comprometa al grado de convertirlos en homicidas potenciales, con todo el peso de la ley en su contra. Especialmente porque son una novedad en el tráfago del tránsito citadino y no estamos acostumbrados a su presencia en las calles. Sus imágenes no están integradas a la memoria visual y el sistema de alerta, del común de los automovilistas regiomontanos.


