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Categoría: El lector
Creado: 16 Febrero 2026

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años... Clamando en el Desierto". La Vejez Esperada, Inesperada y Desesperada. ((1)). Creo que la mayoría de los viejos podrán entender estos términos y la forma en que se presenta la vejez. En algún momento de nuestras vidas, es lógico que empecemos a pensar en la posibilidad de que seremos viejos o que llegaremos inevitablemente a esa fase de la vida. ¡Si no nos lleva el tren antes! Estos pensamientos o expectativas varían de persona en persona, creo que de acuerdo a la forma en que hayan vivido. Para algunas, eso sucede a los sesenta años, para otras a los setenta y cinco, para unas pocas, más tarde. En mi caso, a pesar de que en mi temprana adultez conviví con varios ancianos y me familiaricé con sus cuitas, ideas, temores y expectativas. Empecé a cavilar acerca de mi futura senectud, como a los setenta y cinco años, pues aún me sentía excepcionalmente sano en esos momentos de mi vida, antes de la pandemia del Covid. Debo mencionar que yo contraje el virus tres veces, a pesar de tener las 3 dosis de vacunación. Esto aceleró mi incipiente ancianidad y me dejó muchas secuelas; Fatiga intensa, cansancio, debilidad muscular, dificultades para respirar, dolores musculares y articulares que me han dicho los médicos que son irreversibles y que podrán aumentar con los años. Los especialistas me han insistido que, de no haber contado con las vacunas, la historia hubiera sido muy diferente y probablemente, estaría dándole cuentas al creador. Total, que mi vejez esperada, se convirtió en inesperada y va camino de ser desesperada, por las secuelas que señalé anteriormente. A lo largo de mi vida, tuve la oportunidad de ver desde muy cerca cómo el estilo de vida que cada persona llevó, marcó en forma definitiva su vejez. Como dijo Amado Nervo, "Que si obtuve la hiel o la miel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas, que cuando sembré rosales, coseché siempre rosas...". Los hombres y mujeres que descuidaron la salud de sus cuerpos, abusando del alcohol, el cigarro y la comida chatarra, ahora enfrentan situaciones de una decrepitud intensa, adelantada y avanzada. Por el contrario, quienes se abstuvieron de los excesos en esos mismos hábitos, gozan de una ancianidad tranquila y relativamente libre de sobresaltos. En ambos casos, son los hijos o los nietos, los que reciben los impactos, buenos o malos de sus formas de vivir. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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