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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Estimados Lectores. Creo que el sistema de compra de medicinas es sumamente caro e ineficiente. A continuación, les comento cómo podría superarse. Hay dos tipos de medicinas. Las de receta y las libres. Visitas al doctor quien te escribe la receta, liquidas el precio de la consulta y tú tienes que ir a surtirla en una farmacia de tu conveniencia (si tienes automóvil) la cual puede o no tener existencia y se presta que te vendan medicinas adulteradas o falsas. Si no la tienen en existencia tienes que ir a otra farmacia. Entonces algo más compras en la farmacia que casi nunca necesitas. Después haces cola para pagar y pagas. ¿Y por qué no comprársela al mismo doctor? Normalmente los doctores tienen muestras entonces ¿por qué no tener medicinas? Los doctores solo tendrían que almacenar 20 o 30 diferentes medicinas. Al pagar ahí mismo pagas las medicinas y santo remedio. Te ahorras gasolina y tiempo y estás seguro que pagaste el precio correcto. Además, evitas productos falsos y el doctor obtendría una justificada ganancia. Piénsenle. 2/ Más sobre la práctica de que los mismos médicos surtan las medicinas tanto recetadas como no recetadas. Muchos países permiten que los médicos surtan o vendan medicamentos directamente en sus consultorios o clínicas, práctica conocida como “Dispensación en Consultorio”. Estos países han adoptado total o parcialmente esta práctica, por ejemplo: Estados Unidos exceptuando cuatro estados. Suiza, sobre todo en cantones de habla alemana. India. Adicionalmente en muchos países y regiones en desarrollo de Asia, África y América Latina. Este sistema suele mejorar la probabilidad de que los pacientes comiencen y continúen con su tratamiento.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño Norteño de 85 Años, Clamando en el Desierto". Vejez y Actos Fallidos. No me refiero a los famosos actos fallidos de la literatura psicoanalítica freudiana, mejor conocidos como "Deslices de la lengua", que supuestamente descubren lo que yace en lo más hondo y asqueroso del inconsciente humano. (Argh). Y que, en otros campos, les dicen "Lapsus calami", para los errores que se cometen al escribir. (Burp). Mucho menos a los que he bautizado como "Lapsus teclae", que se generan con los teclados de los escribidores modernos, je, je, je. Me refiero a los más cotidianos accidentes que se suscitan en el diario acontecer de los senectos y provectos ancianos. (No es pleonasmo, que conste). Ji, ji, ji. Respondeos amigos míos, cuantas veces al día os suceden uno o varios de los siguientes eventos: Un vaso, un plato o una taza con café que se resbala de vuestras febles manos; Un cubierto, cuchillo, tenedor o cuchara que se escapan de tus dedos insensibles por las parestesias; El jabón de baño o de manos, que de por sí, son escurridizos, van a dar al suelo; Las gotas para el ojo seco, que contradictoriamente lagrimea en su sequedad y caen en los parpados fuera de la órbita ocular y se desparraman por las mejillas; El golpe contra los dientes, cuando intentas apurar una taza de café o chocolate, o de una botella de cerveza. La visión periférica ha disminuido muchísimo, por lo cual colocamos todo tipo de recipientes en la orilla de la mesa, con la consecuente y estrepitosa caída contra el suelo. Por la misma pérdida de la visión circundante, cuando nos sentamos en el retrete maniobrando en reversa, calculamos mal y uno de los hemisferios anatómicos posteriores, queda fuera del espacio esperado y destinado para esa maniobra. Los resultados pueden ser escatológicamente mayores, sobre todo si el compartimiento de las "bombas" ya iba abierto. Ji, ji, ji. Pero, uno de los más vergonzosos actos fallidos socialmente, es cuando en un beso de saludo o presentación a una dama de cualquier edad, terminas plantándoselo en la comisura de la boca, en la boca misma, en la nariz o en cualquier otra parte del rostro, menos en la mejilla. ¡Híjole! Ahí sí, que Diosito te ampare de un acompañante celoso o que tenga poca simpatía por los viejos pendejos. La lista es larga y conocida por todos los de la Cuarta Edad Dorada, pero que sirva como aclaración y disculpa, que son involuntarios y sin malicia. Falta uno los peores, las caídas al intentar subir los infames escalones, que hay en las banquetas, puertas de entrada y edificios. Son de la altura de los de las pirámides de Teotihuacán, casi 1.5 de los normales, y que a ninguna autoridad le importa si ponen en riesgo la vida de los viejos. Nota bene; Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el Área Metropolitana de Monterrey (AMM). Tenía alrededor 600,000 personas mayores de 65 años y más, aproximadamente el 12% del total de 5.34 millones de habitantes. Creo que vale la pena preguntar a las autoridades, ¿Que han hecho para aliviar la situación de estos ciudadanos que han pagado impuestos toda su vida? ¡Respóndanme inútiles! Dedicado a Samuel García y los alcaldes del área metropolitana.



